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Unidos contra la pobreza


MARGINACIÓN SOCIAL Y CULTURAL, en detalle

La pobreza es una fuente múltiple de exclusión social. Los más desfavorecidos, las personas sin techo o los que viven en barriadas y barrios pobres, se ven excluidos de muchos de los servicios que la sociedad ofrece. Un gran número de los que viven en mejores condiciones carecen de los recursos necesarios para participar en las actividades culturales, practicar un deporte, ampliar sus conocimientos o incluso mantenerse informado de los principales acontecimientos en torno a los cuales gira gran parte de la vida social. En las zonas urbanas, a causa de la pobreza o el desempleo los padres no realizan el suficiente seguimiento de los niños al término de la jornada escolar y esta falta de apoyo diario puede llegar a derivar en un comportamiento asocial o, lo que es peor, en delincuencia.


En los países industrializados, el desempleo puede ser la causa de un malestar social por parte de los amigos, quienes, por torpeza, acaban dejando de invitar a las personas desempleadas, que paulatinamente caen en la exclusión social. Frecuentemente, el desempleo de larga duración también lleva a una pérdida de la confianza en uno mismo, que incluso puede degenerar en una pérdida de amor propio que a ciertas personas hace hundirse en la miseria y en un mayor aislamiento. Este sufrimiento psicológico aumenta la dificultad de encontrar trabajo.


Cuando los ingresos son insuficientes, las personas no pueden permitirse acudir a eventos culturales, hacerse miembros de asociaciones ni realizar salidas sociales, y se ven privadas de oportunidades, de establecer vínculos sociales, ejercitar sus capacidades intelectuales o simplemente disfrutar de la vida. La pobreza hace que los libros, revistas, material o ropa deportivo y las nuevas tecnologías, como Internet, estén fuera de su alcance financiero. El coste del transporte impide a los pobres y desempleados ponerse a buscar un empleo rentable o participar en actos sociales.

Con frecuencia, la falta de educación y la impresión de que ciertos actos sociales superan su capacidad intelectual, inhiben las iniciativas para disfrutar de las oportunidades que se presentan. En muchos países, los bajos salarios no les permiten acceder a la atención sanitaria, lo que profundiza las diferencias con los que pueden pagarla. Muchas familias pobres de los países ricos son incapaces de ir de vacaciones o de enviar a sus niños fuera de la ciudad para que cambien de aires y mejorar su salud.


El acceso gratuito o barato a las actividades sociales, al deporte y a los actos culturales constituye un pilar fundamental de cualquier programa de acción de lucha contra la exclusión social. Pero es igualmente importante garantizar el acceso a la enseñanza, al transporte gratuito, a las instalaciones deportivas y culturales colectivas, así como a otras maneras de que las personas sin medios conecten con Internet y las posibilidades a las que da acceso.

Por su parte, la acción individual también puede contribuir de forma notable a reducir las barreras sociales y romper el aislamiento. No obstante, a largo plazo, sólo será posible ofrecer perspectivas de desarrollo a las personas actualmente afectadas por la pobreza a través del empleo convenientemente remunerado y de los vínculos sociales sólidos que suscita una sociedad bondadosa para con todos sus miembros.


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